J. M. + J. T.
¡
Oh, Dios mío, Trinidad
a quien adoro! Ayudadme a olvidarme enteramente
para establecerme en Vos, inmóvil y tranquila, como si mi
alma estuviera ya en la eternidad. Que nada pueda turbar mi paz, ni
hacerme salir de Vos, ¡oh mi Inmutable!, sino que cada minuto
me haga penetrar más en la profundidad de vuestro misterio.
Pacificad mi alma, haced de ella vuestro cielo,
vuestra morada amada y el lugar de vuestro reposo.
Que no os deje allí jamás solo, sino que esté allí toda entera,
completamente despierta en mi fe, en adoración total,
completamente entregada a vuestra acción creadora.
¡
Oh, mi Cristo amado,
crucificado por amor, quisiera ser una esposa para vuestro orazón ;
quisiera cubriros de gloria, amaros... hasta morir de amor ! Pero
siento mi impotencia y os pido os dignéis « revestirme de Vos mismo
», identificad mi alma con todos los movimientos de la vuestra,
sumergidme, invadidme, sustituidme, para que mi vida no
sea más que una irradiación de vuestra vida. Venid a mí como
Adorador, como Reparador y como Salvador. ¡
¡ Oh, Verbo eterno,
Palabra de mi Dios ! quiero pasar mi vida escuchándoos,
quiero hacerme dócil a vuestras enseñanzas, para
aprenderlo todo de Vos. Y luego, a través de todas las noches, de
todos los vacíos, de todas las impotencias, quiero
miraros siempre y permanecer bajo vuestra gran luz. ¡ Oh,
Astro amado !, fascinadme para que no pueda ya salir de
vuestra irradiación.
¡
Oh, Fuego consumidor,
Espíritu de Amor, « descended a mí » para que se haga en mi
alma como una encarnación del Verbo. Que yo sea para El
una humanidad complementaria en la que renueve todo su Misterio. Y
Vos, ¡ oh Padre Eterno !, inclinaos hacia vuestra pequeña criatura, «
cubridla con vuestra sombra », no veáis en ella más que al « Amado
en quien Vos habéis puesto todas vuestras complacencias ».
¡
Oh, mis Tres, mi Todo, mi
Bienaventuranza, Soledad infinita, Inmensidad donde me
pierdo ! yo me entrego a Vos como una presa. Encerraos en
mí para que yo me encierre en Vos, mientras espero ir a contemplar
en vuestra luz el abismo de vuestras grandezas.
21 de noviembre de 1904